martes, 6 de septiembre de 2011

INVASION A LA PROVINCIA DE PACASMAYO Y LA EXPEDICION LINCH




INVASION DE LA PROVINCIA DE PACASMAYO
En septiembre de 1880, luego de la caída de Tacna y Arica, los invasores chilenos procedieron a realizar una expedición punitiva sobre la costa norte, dicha expedición fue ideada y dirigida por Patricio Lynch, quien contó con el apoyo del Ministro de Guerra Vergara. El objetivo de Lynch era acabar con la riqueza de las haciendas azucareras, según Percy Cayo (historiador peruano) los chilenos querían dejar sin ingresos económicos al estado peruano para que en caso se firme una paz sin cesión territorial su recuperación sea lenta.
El inicio de la expedición Lynch se dio el 04 de septiembre de 1880, los chilenos partieron rumbo al norte desde el puerto de Arica en dos transportes que llevaban dos mil soldados. Los invasores llegaron a Chimbote y comenzaron a imponer cupos de guerra (contribuciones forzosas), una de las haciendas afectadas con los cupos fue Palo Seco cuyo propietario era Dionisio Derteano.
Patricio Lynch le dio como plazo máximo a Derteano el 12 de septiembre para el pago del cupo de guerra, como el hacendado nacional no hizo efectivo el pago, los chilenos procedieron a destruir la hacienda Palo Seco (una de las mejores de América del Sur). Las hordas invasoras también destruyeron las haciendas "El Puente" y "Rinconada" en Chimbote además del ingenio de San Nicolás en Supe.
El día 16 de septiembre de 1880 las fuerzas de Lynch estaban en el puerto de Chimbote, allí destruyeron la aduana y las 6 locomotoras que pertenecían al ferrocarril que se dirigía a Tablones. La expedición Lynch sembró terror y destrucción por toda la costa norte peruana, se atacó Eten, Chiclayo, Ferreñafe, Chepen y Trujillo, en esta última ciudad el alcalde Cecilio Cox pagó uno de los cupos impuestos por los chilenos de su propio dinero, de esa forma evitó el incencio y saqueo de la ciudad de la eterna primavera.
Para el 01 de noviembre de 1880, Patricio Lynch se encontraba en Quilca, había vuelto del norte cargado de libras esterlinas, plata, billetes peruanos y muchas especies como cacao, café, aceite, alfalfa, etc. Luego de la destrucción impuesta por el enemigo, sus tropas avanzaron hacia la ciudad de Lima y consiguieron tomarla en enero de 1881.

125 AÑOS DE LA DESTRUCCIÓN DE LAS PROPIEDADES AGRÍCOLAS DEL VALLE DEL SANTA POR EL INVASOR CHILENO
La Derrota de las tropas peruanas en Arica (7 – 6 – 1979), significo para los chilenos la apropiación y dominio del sur peruano y de los territorios bolivianos capturados con anterioridad, y desde luego del dominio total del océano pacífico. Hasta ese entonces el escenario de la guerra había sido el sur peruano.
La región del norte del Perú no había sufrido aún las consecuencias de la guerra. Era rica y sus plantaciones de azúcar suministraban al fisco peruano entradas de consideración y las únicas atendibles después de haber perdido las riquezas guanera y los ricos yacimientos de salitre ubicados en el sur peruano.
Por otra parte, esos departamentos no cesaban en alentar la resistencia, y a pesar de los repetidos desastres experimentados en el sur, se creía en Lima que mientras se conservara intacto el litoral del norte era posible y necesario combatir.
Terminada la campaña de Moquegua, Lynch, que continuaba de Jefe político de Iquique, concibió la idea de una gran expedición de merodeo a los valles azucareros del Perú y escribió en ese sentido al Presidente Pinto quien acogió con gusto esa indicación. En el momento que el Gobierno recibía esta insinuación el Ministro de Guerra era Lillo, el que aún no había renunciado y estaba en el norte. Pinto encargó a Lynch que se viera con Lillo y le comunicara sus ideas que de antemano, el aprobaba. Después cuando lilo renunció al Ministerio y lo reemplazo Vergara, Pinto escribía a Lynch:“ Julio 16. El – Vergara - se entenderá contigo para la expedición que hemos hablado”.
Vergara firmó las instrucciones que se dieron a Lynch. Le ordena recorrer los puertos peruanos de norte a sur empezando por Paita y concluyendo por Quilca, en el departamento de Arequipa, e internarse en los valles angostos y opulentos que cortan la cordillera a mar el territorio peruano, cuidando de no alejarse demasiado de la costa – seis leguas a lo menos - para no exponerse a una sorpresa; imponer contribuciones a las propiedades particulares; destruir los ferrocarriles. Respecto de cupos de guerra le mandaba cobrarlos “ con todo rigor” en dinero o especies, bajo pena de destruir la propiedad del que se negara a satisfacerlos, cuidando de evitarse dificultades con los neutrales, pero sometiendo a todos al rigor de la guerra a los que prestasen a encubrir las propiedades peruanas.
La comisión necesitaba un hombre de condiciones espacialísimas y con dificultades se habrían encontrado otro más apropiado que Lynch. Su designación salvo a la República Chilena de una serie de dificultades y conflictos que pudieron convertirse en serios embarazos para la continuación de la campaña. La actividad, la firmeza, la habilidad diplomática, y sobretodo su terrible, implacable energía para con el enemigo y sus auxiliares del campo neutral, valió con justicia a Lynch el título de “Príncipe Rojo de la Guerra del Pacífico”, con que se le apodara.
Compuesto por 1900 hombres de infantería, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña, una sección del cuerpo de ingenieros, y una ambulancia. Un total de 2,600 hombres al mando del capitán de Navío Patricio Lynch.

El 4 de septiembre de 1880 zarpo de Arica la expedición Lynch en dos transportes llevando un batallón del Colchagua mandado por su Comandante don Manuel José Soffia; otro del Talca, comandante don Silvestre Urízar Garfias; 800 hombres del Buin con su primer Jefe el teniente Coronel don Juan León García; un escuadrón de Granaderos a caballo a cargo del comandante don Francisco Muñoz Bezanilla, 3 cañones Krupp de montaña, capitán don Emilio Contreras; una sección de ingenieros mandados por don Federico Stuven. El total de esas fuerzas ascendía a 2,000 hombres. Era secretario General de la expedición don Daniel Carrasco Albano, quien desempeñaba el mismo puesto en Iquique con el Jefe Político de Tarapacá.
Las figuras salientes del cuerpo expedicionario fueron: Lynch, Carrasco Albano y Stuven. Lynch tuvo la responsabilidad de la dirección; Carrasco Albano escribió las interesantes notas dirigidas a los responsables extranjeros en respuestas a sus reclamaciones, cada vez que se tocaba la propiedad verdadera o supuesta de un súbdito de su nación; Stuven era el encargado de ejecutar la parte material de la imposición sobre las propiedades; era el jefe operativo, el encargado de hacer volar las propiedades a una sola orden de Lynch.
Se agrego al convoy en Mollendo la Corbeta Chacabuco mandada por Viel. La expedición Lynch es una repetición de actos semejantes que sucedió con fatigosa uniformidad. Llegada a un punto se pregonaba un bando del comandante en Jefe fijando el cupo del departamento o ciudad. Como el vecindario peruano se negaba a satisfacerlos, Stuven se apoderaba de los frutos de las fincas, y los embarcaba en los buques expedicionarios. Naturalmente no era posible deslindar de ligero y sin lugar a reclamo lo que pertenecía a peruano o a neutrales, mucho más cuando estos encubrían sus propiedades de aquellos, y al punto los cónsules reclamaban por sus nacionales y también los ministros diplomáticos en Lima, entonces carrasco Albano que de antemano había recogido en cada caso informaciones en las mejores fuentes, compulsando las notarias y estudiando la correspondencia capturada. Tenía razón cuando decía al Presidente Pinto en una de sus cartas. “Como ya te lo e indicado explicándote el objeto de la expedición la parte ofensiva de ella se reduciría a imponer contribuciones de guerra y a batir fuerzas inferiores que se opusieran a mi proyecto. De ninguna manera comprendería su objeto causar daños que no nos reportaran en provecho directo. Nada de incendios ni de destrucciones vandálicas. Con operaciones de esta naturaleza lejos de alcanzar el fin de la guerra, se obliga al enemigo (peruano) a negarse a toda transacción, porque con ellos se hace nacer la desesperación de unas luchas sin término ni cuartel”.
A las 7 de la mañana del día 10 de septiembre de 1880, arribo la expedición al Puerto de Chimbote y fondearon allí los barcos de guerra Amazonas, Tolten y el Itata, desembarcando en el acto 2000 hombres de las tres armas mandados por el Capitán de Navío Patricio Lynch no existía en Chimbote fuerza peruana alguna, de modo que el desembarco se efectuó sin resistencia. A la cabeza de una columna de 400 hombres penetró (Lynch) hasta las haciendas de El Puente y Palo seco ubicadas en el fértil Valle del Santa. Magníficas propiedades de Caña de azúcar y de fabricación de este producto. Diversas partidas de caballería reconocían al mismo tiempo los campos y pueblos inmediatos, sin encontrar en parte alguna la resistencia, una de esas partidas avanzo hasta Virú, a once leguas de Trujillo. Los habitantes de esta ciudad no hicieron el menor amago de resistencia, y solo procuraron abandonar la población.
Hagamos un alto para describir las hermosas propiedades de Don Dionisio Derteano. La hacienda Palo Seco de propiedad empresario peruano, arriba mencionado, estaba valorada en más de un millón de Libras Esterlinas, en muchos de los casos conseguidos mediante hipotecas de las famosas casas financieras de Dreyfus y Graham Rowe. El corresponsal del Mercurio de Santiago decía de la Hacienda El Puente que, antes de estos hechos, era “un verdadero palacio o más bien una serie de palacios ducales pués estaba dividido en siete cuerpos”. Agregaba que no faltaba allí “ ni lujosas bibliotecas, ni amenos y pintorescos jardines, ni caballos y hasta perros de raza, encontrándose entre los primeros un potro que costó en Inglaterra 1,500 libras esterlinas”.
Encontramos también un párrafo referente a Palo Seco en el diario de un cirujano del ejército chileno publicado en el diario El Ferrocarril de Santiago que la confunde con El Puente. “La Hacienda de Palo Seco es muy extensa y rica.
Posee grandes potreros de caña de azúcar, alfalfales, arroz, etc. Y una gran cantidad de animales vacunos y cabalgares, algunos de ellos de pura sangre. Los cuerpos de edificios son magníficos y el del frente, de más de una cuadra de extensión y de cinco pisos, está ocupada por la maquinaria de elaboración de azúcar, que es una de las mejores de Sudamérica, toda de rico acero y cobre; elabora quinientos quintales diarios de azúcar y su valor se calcula en 3 000,000 de pesos . El edificio de las máquinas posee cuatro torreones de defensa y una torre central con un reloj de cuatro esferas. Encima del reloj existía la siguiente inscripción: “Hacienda El Puente propiedad del señor don Dionisio Derteano. Se colocó la primera piedra de esta obra el 5 de agosto de 1874 y se inauguró el 9 de febrero de 1876. Hizo los planos y dirigió sus ejecución el señor don James P. Cahill, ingeniero y arquitecto y su superintendencia estuvo a cargo del señor don Enrique Pincel”. Las casas son cómodas, lujosas y, como todos los otros edificios, de arquitectura moderna. El cuerpo de edificios, de arquitectura de la derecha está ocupado por las máquinas de destilación, una cárcel para los chinos, las bodegas y el gasómetro . Más adelante el mismo cirujano mencionó en su correspondencia las “cinco máquinas” (locomotoras) de la hacienda y los “trenes especiales para su servicio”.
Lynch impuso a las haciendas de El Puente y Palo seco, una contribución de 100.000 pesos, dirigiendo al señor Dionisio Derteano, el siguiente telegrama: “Con arreglo a las instrucciones que he recibido de mi gobierno, impongo a su ingenio de Palo seco, una contribución de guerra de cien mil pesos en plata o especies que valgan esa suma. Si no concreta Ud. inmediatamente, dando las órdenes correspondientes a su empleado, para que satisfaga la indicada contribución, tendré el dolor de arrasar completamente su ingenio de Palo seco. Puede Ud. indicar los medios de pagar la mencionada contribución de guerra.- firmado: Jefe de la División del ejército Chileno en Chimbote.” Se da un plazo al administrador de ellas tres días de plazo para procurarse el dinero.
Al tenerse en Lima conocimiento del telegrama de Lynch, la Casa Graham Rowe y C. ° dirigió, en el acto, a Dionisio Derteano, que se encontraba en Palo seco, otro, concebido en estos términos: “Autorizo a Ud. para que gire sobre vuestra casa de Valparaíso, por cien mil pesos plata exigidos confirmación por el Thetis, que sale martes, o antes si es posible.- Graham y Rowe y C.° “.
La misma casa hacía simultáneamente otro telegrama a Mr. J. W. Firth, gerente de la compañía inglesa de vapores, comunicándole su decisión de pagar los referidos cien mil pesos y expresándole que un empleado de la casa partía, en un buque neutral, con las debidas instrucciones.
Todo esto se debía a las prudentes gestiones de Don Dionisio Derteano, propietario de Palo seco, quien quería salvar a todo trance ese hermoso ingenio, que constituía toda su fortuna.
La valiosa hacienda no constituía un obstáculo para las operaciones de la división chilena, que no encontró en ella resistencia, y que como empresa industrial, se hallaba al amparo de leyes especiales.
Esto y la oferta de pagar semejante crecida contribución, hacían esperar que el militar chileno Lynch no cumpliera su bárbara amenaza.
Sin embargo el bárbaro jefe, exigió que la Casa Graham Rowe ampliara su telegrama, y que lo hiciera confirmar por el Ministro inglés residente en Lima. Hizosé así; pero al ser enviado el despacho a la oficina telegráfica para su transmisión a Chimbote, fue detenido, alegando que, para darle curso, era necesario el visto bueno de la secretaría de Gobierno. Se solicitó inmediatamente ese visto bueno, y en su lugar se expidió un Decreto Supremo, que decía a la letra:
“ Lima, 11 de septiembre de 1880- visto el presente telegrama, que quedará archivado en la secretaría de gobierno, y no pudiendo ser considerado el pago de cien mil pesos a las fuerzas chilenas, sino como un auxilio dado al enemigo del Perú, lo que constituiría delito contra él, sin que conste la amenaza de destruir el fundo mismo, que no es lícito evitar por aquel medio; prohíbase absolutamente el envió de dicho despacho telegráfico, y se recuerda, que la entrega de toda suma al enemigo por el hacendado de Puente, cualquiera que sea la forma en que se verifique, será perseguida y penada, como delito de traición a la república. Declárese,
Además, ipso facto, de la pertenencia del estado toda propiedad en la que se suministrase al enemigo dinero o especies que no tomase éste a viva fuerza y por si mismo.
Téngase esta resolución como regla general para los casos de igual naturaleza, dándose copia de ella y del telegrama de su referencia a los interesados, si lo demandasen.- Publíquese y regístrese.- rúbrica de S.E. – Orbegoso.
De esta manera el gobierno dictatorial de Nicolás de Piérola, sacrificaba a tan hermoso ingenio ubicado en el fértil Valle del santa.
El Señor Dionisio Derteano hizo a su hijo, Don Arturo Derteano, el siguiente telegrama:
“ Contesta por escrito al Sr. Comandante de la expedición chilena que me has comunicado su notificación y que espantado del procedimiento de su gobierno, e impotente como ciudadano desarmado ante la fuerza militar que manda, tengo que someterme a las consecuencias de mi patriotismo me impone; pero que habiendo en Palo seco valiosos intereses de terceros neutrales, comprometidos bajo la fe de mi palabra y por obligaciones comerciales, les he impuesto de lo que pasa, a fin de que los resguarden, hasta donde les sea posible “
Nada detuvo a Lynch en su obra de exterminio y desolación. Apenas se convenció de que el cupo no sería pagado, dio la orden de incendio, destrucción y saqueo.
Las hordas salvajes, volaron con dinamita las maquinarias, incendiaron los cañaverales y los elegantes edificios; talaron los árboles frutales y recogieron inmenso botín de objetos y muebles de gran valor; era un espantoso espectáculo presenciar tantas riquezas acumuladas por el trabajo y la industria, convertidas en un montón de escabrosos restos. A estas nefastas acciones de destrucción se sumarian 200 chinos coolíes que habían sido encontrados en un galpón de la casa hacienda, dados libertad por los chilenos, estos se dedicaron al saqueo y a atizar el incendio, destruyendo la cárcel de la hacienda y todo lo que encontraban a su paso como tratando de vengarse de las ofensas y las condiciones de esclavitud y castigos a las que fueron sometidos por el personal de la hacienda.
El parte del Ingeniero al servicio de Chile, Don Federico Stuven, aquel que dirigió el horror, describir patéticamente dicho infeliz acto:
“El día 13 llegó la orden de US. A Palo Seco, y encargué el trabajo de volar con dinamita toda la maquinaria, al capitán Marcos Larham, quien lo hizo con toda eficacia”. Las pérdidas se calcularon por Stuven en más de dos millones quinientos mil soles de plata. El Perú perdió una de las fuentes de su riqueza agrícola, y un ciudadano suyo quedó arruinado.
Al año siguiente, Don Dionisio Derteano ofrecería su sangre y la de sus hijos a su patria, batiéndose como Comandante General de la Primera División de Reservas en la Batalla de Miraflores, luchando contra el invasor chileno. Salvaje por donde se le vea.
El mismo día 13 en que se cumplía el plazo fijado para el pago de la contribución, comunicaba Lynch que había dado la orden necesaria para la destrucción de las propiedades cotizadas, respondiendo de la siguiente manera: “…Vista vuestra carta, he dado ya las órdenes necesarias para que se proceda a la destrucción de las propiedades de vuestro Padre…la orden de destrucción fue inexorablemente ejecutada. La tropa retiró una cantidad considerable de azúcar, arroz y otros géneros, e inmediatamente hizo saltar la fábrica con pólvora de cañón y dinamita”. Aludiendo al decreto de Piérola dijo Lynch en esa comunicación: “El señor Jefe Supremo de la República del Perú podrá disponer lo que estime por conveniente en el territorio sometido a su soberanía; pero no puede exigir obediencia en la parte del territorio ocupado por nuestras armas.
Suponer lo contrario seria hacer ilusorio el derecho de la guerra. Si con ese decreto pretendió el Jefe supremo impedir nuestras fuerzas obtener el pago de las contribuciones que tienen el derecho de exigir, para su objeto, más acertado habría sido que protegiera con sus armas el territorio amagado por nuestras armas “.
El segundo pretexto alegado por el administrador de Palo seco y El Puente no tuvo mejor éxito, esas propiedades podían estar afectas a créditos pertenecientes a neutrales, pero estos en ningún caso podían tener el extraño privilegio de embarazar las operaciones del beligerante.
Lynch supo desde el primer momento desenredar estas madejas de las astucias de los negociantes y la poca escrupulosidad de algunos cónsules extranjeros no cesaban de tejer para formar enredos diplomáticos. Este expediente que más adelante fue ampliamente desarrollado no logro detener las medidas de coerción puestas en vigor por Lynch. Este por el contrario, tuvo el tino de apoderarse de todos los papeles y documentos que habían de servirle mas tarde para poner de manifiesto las falsas transmisiones de su propiedad y los contratos ficticios que se celebraban con el objeto de eludir el pago de las contribuciones de guerra.
Destruidos los edificios de las haciendas de Derteano, Lynch supo embarcar una gran cantidad de azúcar, de arroz y de otras especies, y dio libertad a unos 200 chinos coolíes que encontró encerrados en un galpón de la hacienda.
Estando en Chimbote llegó a reunírsele la corbeta O’Higgins al mando de Orelia quien comunico a Lynch que según noticias recibidas por los bloqueadores del Callao, acababan de bajar un cargamento de armas en la caleta de Supe. Lynch se embarcó ese mismo día en Chimbote con tres naves rumbo a Supe con 400 hombres de Buin, y a su llegada, la remesa, consistente en 5,000 mil rifles, algunos cañones de sitio y municiones grandes y chicas, habían pasado y se encontraban fuera de su alcance, solo pudo alcanzar uno 300 cajones que contenían 200 mil tiros de rifle pues el grueso de la remesa había sido internado apresuradamente. Errado el golpe, el Comandante en jefe impuso una contribución a las haciendas del valle, en especial a la de San Nicolás, que estaba convertida en depósito de armas y pertrechos del Perú. Los propietarios se negaron a pagar y sus haciendas fueron desvastadas.
Lynch volvió a embarcarse para Chimbote el 16 y al reembarcarse en ese puerto, destruyó la línea férrea que conduce a Huaraz, cinco locomotoras, la aduana y se alejo dejando confiado el orden de la población a los extranjeros, ya que las autoridades habían huido a la sola presencia de las tropas expedicionarias.
El 17 de septiembre zarpaba de Chimbote. Los reclamos diplomáticos y las comunicaciones de los cónsules, participándole que tal o cual propiedad
pertenecían a un extranjero, llovieron entonces sobre el jefe Expedicionario. Este contesto uno a uno cada reclamo, haciendo notar el legítimo derecho con que habían procedido en todos sus actos y la facultad que tenia para emplear medidas coercitivas contra un enemigo que no defiende sus plazas a si misma y que se encierra en una terca pero pasiva resistencia.
Con su acto peculiar, Lynch rebatió además en esas comunicaciones las teorías sustentadas por los reclamantes, y manifestó a cada uno de los documentos y pruebas que obraban en su poder y que justificaban fehacientemente el uso ilegítimo a que había estado destinada la propiedad que pretendía exoneración o la transmisión falsa de dominio en que se fundaba el reclamo. Ni estos inconvenientes ni las amenazas continuas que se hacían llegar a él, pudieron desviar en lo más mínimo su línea de conducta. Lynch hizo rumbo al norte, y el día 18 de septiembre captura al vapor Islay que traía un valioso cargamento para el gobierno peruano. En efecto extrajo de la bodega 28 cajones, de los cuales cuatro contenían estampillas postales por la suma de 375.000 pesos en billetes de papel moneda del Perú, y de diversos tipos. Estos billetes habían sido embarcados en los estados Unidos y venían con todos los requisitos para ser inmediatamente lanzados a la circulación.
Culminaba así los Díaz de terror y barbarie vividos por los pobladores santeños a manos del salvaje invasor chileno. Se truncaba también un hermoso y ambicioso proceso de desarrollo agroindustrial que a la luz de lo hechos abría traído desarrollo a santa, al valle y la provincia en general.
En cuanto a los resultados de esta nefasta expedición Lynch; el notable historiador chileno, Benjamín Vicuña Mackenna documenta el manifiesto de embarque del botín de guerra de Lynch, llegando a las siguientes cantidades:
“En cuanto al botín de Guerra, que ni la riqueza, ni la moralidad, ni el buen nombre de Chile para nada necesitaba....consistía aquel en definitiva en unos tres mil sacos de azúcar, 700 a 800 sacos de arroz, 500 pacas de algodón, 17 bultos de chafalonía de plata, 29,050 libras esterlinas en jiros sobre Europa, que no sabemos si fueron alguna vez cubiertos, 11,428 pesos plata, cinco mil soles papel, i cuatrocientos chinos de lo peor de la raza amarilla que desde entonces comenzó a invadir desde Arica los puertos de Chile, sin hacer cuenta de una infinidad de pequeños artefactos o ingredientes que por rubor no nombrarlos”.
Ocurrió en el Perú, costa norte, en el fértil valle del santa, actual pueblo de Tambo Real Histórico hace 125 años y es necesario recordar para que la historia no se vuelva a repetir y los pueblos desarrollen su identidad y construyan su futuro conociendo su rico pero a la vez trágico pasado.

EXPEDICIÓN LYNCH
La Expedición Lynch fue una operación que buscaba la confiscación de ingresos de las haciendas azucareras del norte del Perú por parte del Ejército de Chile al mando del Capitán de Navío Patricio Lynch durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico.
Desarrollo [editar]
En 1880, el presidente Aníbal Pinto encomendó al Capitán Patricio Lynch organizar una fuerza militar para hostilizar las empresas azucareras, de caña, en el norte del Perú, desde donde se obtenían recursos para la guerra. La operación fue catalogada como destructiva, porque además se destruyeron industrias de extranjeros neutrales, como el ferrocarril del Distrito de Puerto Etén a Chiclayo en el que había intereses ingleses.
Zarpó de la ciudad de Arica el 4 de septiembre de 1880, compuesta por 1.900 infantes, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña, una sección del cuerpo de ingenieros y una ambulancia, totalizando 2.600 efectivos Desembarca el 10 del mismo mes en Chimbote, donde al no encontrar resistencia utiliza el lugar como centro de operaciones. Ese mismo día se dirige hacia las azucareras de Puente y Palo Seco, propiedad de Dionisio Derteano, senador por Ancash que promovió la colecta entre banqueros iniciada la guerra. La propiedad tenía un valor de un millón de libras esterlinas y estaba hipotecada a las casa "Dreyfus" y "Graham Rowe". Lynch envía esta nota a Derteano:
Impongo a su ingenio de Palo Seco, una contribución de guerra de cien mil pesos en plata o especies que valgan esa suma. Si no concreta Ud. inmediatamente, dando las órdenes correspondientes a su empleado, para que satisfaga la indicada contribución, tendré el dolor de arrasar completamente su ingenio de Palo Seco
Jefe de la División del ejército Chileno en Chimbote
Ante la nota la casa "Graham Rowe" decide depositar el cupo de guerra en una cuenta de Valparaíso decidiendo enviar el dinero en un barco neutral. Lynch pide ademas que la operacion sea refrendada por el ministro inglés en Lima.
En Lima, Nicolás de Piérola intercepta estas comunicaciones y emite un decreto impidiendo a los hacendados pagar cupos de guerra a las fuerzas chilenas.
Cumpliendo esta nota, Derteano se rehúsa a pagar 100.000 pesos. Cumplido el plazo, el 13 de setiembre la hacienda es saqueada e incendiada por las fuerzas de Lynch. Las maquinarias son dinamitadas. Además los víveres son saqueados. Federico Stuven, ingeniero al servicio de Chile, estima que las pérdidas sumaron 2.500.000 soles de plata.
El día 13 llegó la orden de US. A Palo Seco, y encargué el trabajo de volar con dinamita toda la maquinaria, al capitán Marcos Larham, quien lo hizo con toda eficacia
Federico Stuven. Ingeniero al servicio de Chile
En un galpón, las tropas chilenas encuentran a 200 trabajadores chinos en condiciones de semiesclavitud, los cuales al ser liberados se incorporan a las fuerzas de Lynch como cargadores. Patricio Lynch fue conocido como el Príncipe Rojo por los chinos liberados en sus expediciones.
Luego Lynch enrumba hacia el puerto de Supe en el sur, que fue saqueado e incendiado el 14 de setiembre.
Patricio Lynch luego intenta detener los embarques de nuevas armas que llegaban a Perú, sin mucha suerte. Lynch también impuso contribuciones a las haciendas de Chimbote, pero fueron devastadas al no entregar el dinero pedido. En el puerto de Chimbote destruye el complejo ferroviario. Al verse afectada propiedades de extranjeros, Lynch recibe las protestas de los consules extranjeros y parte de Chimbote el 17 de septiembre.
En cuanto al botín de Guerra, que ni la riqueza, ni la moralidad, ni el buen nombre de Chile para nada necesitaba....consistía aquel en definitiva en unos tres mil sacos de azúcar, 700 a 800 sacos de arroz, 500 pacas de algodón, 17 bultos de chafalonía de plata, 29,050 libras esterlinas en jiros sobre Europa, que no sabemos si fueron alguna vez cubiertos, 11,428 pesos plata, cinco mil soles papel, i cuatrocientos chinos de lo peor de la raza amarilla que desde entonces comenzó a invadir desde Arica los puertos de Chile, sin hacer cuenta de una infinidad de pequeños artefactos o ingredientes que por rubor no nombrarlos”.
El 19 de setiembre llega a Paita en el norte de la costa peruana, donde la destrucción continuó: incendiaron la Prefectura, la Aduana y la estación del ferrocarril además de cobrar 10,000 pesos de plata de cupo.
El 24 de setiembre arribaron a Puerto Eten donde también cobraron cupos de guerra (150,000 pesos) para 4 días después incendiar varias casas en Chiclayo y continuar la destrucción en Ferreñafe y Cayaltí, entre otras haciendas azucareras y algodoneras.
Finalmente desembarca en el puerto de San Pedro de Lloc y marcha hacia Trujillo de quienes cobra el cupo de 150,000 pesos de plata
Lynch llega el 1 de noviembre de 1880 al Puerto de Quilca, Departamento de Arequipa, donde le esperaba la comandancia de la primera división del Ejército.
Derteano luego participaría en la Batalla de San Juan y Miraflores, siendo desterrado luego a Chile junto con Francisco García Calderon.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Expedición Lynch en www.laguerradelpacifico.cl
125 años de la destrucción de las propiedades agrícolas del valle del santa por el invasor chileno, Mg. Efren Rebaza Custodio
Dionicio Gonzales, Daniel Jhony. Fernando Terrones Ascencio. Heore Civil Sanjosefano. Trujillo, Ed. Bays Impresiones S.A., 2004.
Mellafe, Rafael (2004), La Guerra del Pacífico en imágenes, relatos, testimonios
Rosales, Justo Abel (1984). Mi campaña al Perú: 1879-1881. Concepción: Universidad de Concepción.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_Lynch"
Emilio Rojas, Luis (1991), Nueva Historia de Chile, Santiago, Gong Ediciones.
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Recavarren, Isaac (1881): «Carta de contestación al coronel Suárez sobre la batalla de San Juan y Chorrillos», en Documentos relativos al 2º. Ejército del Sur 1880. Legajo Nº5. De la colección Isaac Recavarren. Lima
Basadre, Jorge (2007), La Verdadera Epopeya, Lima, Perú [2008]
La República, Perú (2006), La verdad del saqueo, 24/04/2006, citando a Mendoza, Marcelo: "La verdad del saqueo a la biblioteca de Lima", en Diario Siete, Chile 20 Marzo del 2007
La Razón (2006), Chile devuelve al Perú cerca de 4 mil libros saqueados en Guerra del Pacífico, Lima, 6 de noviembre de 2007 [16/11/2007]

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